Migraciones Pluralismo Cultural. Con el fin de la II Guerra Mundial se empiezan a oír las primeras voces defensoras de la pluralidad cultural, pero esta diversidad étnica no se consolida hasta la década de los 60. En su devenir, este modelo ha sufrido una transición desde posturas más débiles hacia otras más radicales. 1. Pluralismo débil: tiene sus antecedentes en un estudio de la UNESCO sobre la integración cultural en los países receptores. Poco a poco comienzan a difundirse estas ideas, convirtiéndose en el paradigma dominante hasta muy recientemente. Rechaza los dos modelos anteriores por negar el derecho de los grupos a mantener su propia identidad (postura más acorde con los ideales humanitarios occidentales) Este modelo se manifiesta en la Educación Intercultural (EE.UU. Vicklery & Cole años 40), que viene a ser un tímido intento de evitar el conflicto étnico latente en esta sociedad. Se reconoce el derecho a mantener ciertas peculiaridades (folklore) dentro de un contexto de lealtades nacionales comunes. Se considera que es una etapa transitoria hasta que las nuevas generaciones traigan consigo la tan ansiada homogeneización nacional. Esta Educación Intercultural consta de tres principios rectores: Hay creencias y prácticas democráticas que han sido establecidas para el bienestar general y que todos los americanos deben compartir. El grupo mayoritario puede requerir a los minoritarios que no se aíslen de la comunidad general ni se aferren a formas de vida incongruentes con la práctica democrática. Los individuos deben ser libres para practicar y perpetuar sus valores, tradiciones y costumbres siempre y cuando no entren en conflicto con los valores democráticos esenciales. EE.UU. sufrió una verdadera explosión étnica en los años 60. Las terceras generaciones de inmigrantes, contra pronóstico, no habían sido asimiladas. Esto, unido a flujos de migración ininterrumpidos y a acontecimientos históricos como Vietnam o violencia racial (KKK) generó una revitalización de la conciencia étnica conocida como ethnic revival. Las tendencias asimilacionistas fueron consideradas alienantes y antidemocráticas. Se observa un cambio de actitud desde los tímidos comienzos de este modelo hasta el momento actual, a saber: El movimiento surge de las minorías en pro de su reconocimiento El pobre logro educativo justificaba la negación del derecho a una educación Se abandona el prejuicio como principal problema; ahora se demanda reconocimiento y respeto, ya no mera tolerancia. Incorporación del Estado en el compromiso activo con las nuevas tendencias pluralistas. Así pues, el pluralismo débil deja paso a una nueva perspectiva, el pluralismo fuerte, ya que pretendía una asimilación en último término, al considerarlo como una etapa transitoria hacia la asimilación con la sociedad dominante. 2. Pluralismo fuerte: son los propios grupos minoritarios los que organizan su propia defensa, superando el paternalismo vigente hasta la fecha. La base fundamental de este enfoque es que el pluralismo no es una fase transitoria, ya que los grupos étnicos permanecerán diferenciados aun con el paso del tiempo. La diversidad se concibe como un valor social y es el Estado el responsable de protegerla y fomentarla. Fueron los líderes de la comunidad negra quienes iniciaron la llamada acción positiva, esto es, políticas concretas para mejorar la situación de su grupo. Estas acciones se extrapolaron rápidamente a otros grupos, lo que hizo que se replantearan los procesos de reconstrucción nacional americana a partir del insoslayable mosaico étnico. En los años 60 la problemática de la integración cultural adquiere una fuerza renovada, asumiendo los siguientes rasgos: Derecho a preservar la propia identidad cultural La identidad cultural, más que un derecho es un valor para la sociedad en general El Estado ha de intervenir en el mantenimiento de la diversidad, también con la sociedad autóctona para el reconocimiento de los beneficios de la misma. Aún así, el pluralismo tiene dificultades, tanto teóricas como prácticas. En cuanto a las teóricas se observa una indefinición de conceptos y una ambigüedad en los contenidos. La idea central es que se deben preservar las culturas de todos los miembros de una sociedad sin que ello colisione con la formación social común. En definitiva, mantener la diversidad conservando así mismo un marco de referencia compartido que evite la fragmentación y posibilite la adhesión a la sociedad global. Es en este marco de referencia donde ha de insertarse la pluralidad como valor social, pero no se ha definido qué debe ser diferenciado y qué compartido. La dificultad de este modelo se manifiesta en dos evidencias históricas: La convivencia multirracial genera tensiones sociales, no habiéndose erradicado el racismo ni la xenofobia La aparición de Europa como nuevo destino de los flujos migratorios ha avivado la polémica sobre la integración pluralista, considerándose una verdadera utopía en un contexto donde se vive con especial tensión el dualismo entre el universalismo y el particularismo. Ante este fracaso nos encontramos igual que hace cien años, buscando alternativas al prejuicio y a la discriminación. Se observa una incongruencia entre la ética (lo que debe ser) y la realidad (lo que realmente es). Así pues, se reabren argumentos a favor y en contra de viejos paradigmas en lugar de buscar alternativas.